Nov 11 2016

Muchos aprendimos de Soler Puig

Palabras de clausura del Coloquio por el Centenario de José Soler Puig. Pronunciadas por el Presidente del Comité Provincial de la Uneac de Santiago de Cuba, Rodulfo Vaillant García, en el Salón de los Vitrales de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo. 10 de noviembre de 2016.

 

Queridos amigos todos:

Durante tres días hemos rendido homenaje a una figura fundamental de nuestras letras que, para orgullo de los santiagueros, nació en esta ciudad hace hoy exactamente cien años. Un hombre de su tiempo; que enfrentó las dificultades de la vida en una sociedad capitalista; que no fue ajeno a la lucha contra dos tiranías y contribuyó en ambos casos en la medida de sus posibilidades; que dedicó sus mejores energías a plasmar en sus libros la vida de su pueblo, del que tomó inspiración, modelos y tramas. Un hombre que construyó una obra extraordinario, y aún tuvo tiempo para aportar a la obra colectiva, apoyando a quienes se acercaban a él, encabezando el primer Comité Provincial de la Uneac de la entonces provincia de Oriente, participando, en fin, en una vida cultural de la que era por derecho propio un referente.

Muchos aquí recordamos a José Soler Puig, porque lo conocimos y, de una forma u otra, aprendimos de él. No solo de su obra, sino también de su ejemplo, de su tenacidad para vencer la enfermedad, de su conducta ética, de su generosidad. Por eso nos complace haber formado parte del esfuerzo hecho en su memoria, y lo primero es agradecer a todas las personas e instituciones que se nos han sumado en este empeño. Las editoriales que tuvieron a su cargo la reedición de sus novelas fundamentales han hecho un trabajo digno de elogio; sin dudas, el mejor el logro de este centenario es contar de nuevo con obras de Soler en nuestras librerías. Los Comité de la Uneac, Centros del Libro, bibliotecas y otras instituciones que a lo largo de todo el país asumieron la organización de charlas, paneles, concursos y otras acciones durante este año, han ayudado a rescatar la significación de este autor indispensable, que todavía necesita de miradas atentas para aprovechar sus enseñanzas. En particular en Santiago de cuba, no solo quienes se relacionan con la actividad literaria, sino también los artistas plásticos y escénicos, los realizadores de radio y televisión, han participado con entusiasmo en este homenaje. La Asociación Hermanos Saíz, haciendo honor a su tradición de honrar a los maestros, convocó un concurso especial de cuentos, y ha tenido una fuerte presencia en todas las actividades. A todos ellos nuestro agradecimiento.

Muy en especial debemos reconocer el apoyo recibido del Ministerio de Cultura y la Uneac a nivel nacional; sobre todo porque gracias a ellos quizás hayamos podido conseguir el objetivo principal que nos propusimos: llamar la atención sobre Soler, no de manera efímera y formal, sino promoviendo el interés por estudiar su obra, incitando a una mayor vinculación entre distintas entidades que componen el sistema de la cultura en aras de una mayor difusión, no de este autor en particular, sino de todo lo mejor de la literatura y la cultura cubanas. Soler Puig sería muy feliz de saber que su recordación propiciara tal cosa.

De todo lo planeado, falta mucho por hacer, porque este coloquio no es la acción final. Una selección de las ponencias presentadas al evento dará pie a un libro; estamos seguros de que el hecho de que la mayoría de los ponentes estén vinculados a universidades, tendrá su repercusión en posibles investigaciones, trabajos de diploma y una mayor inclusión de la obra de Soler en el currículo de las carreras de Letras y Español-Literatura; no hemos abandonado la idea de realizar un documental y de intentar otras maneras de profundizar en las distintas facetas de su trabajo creador, pues, con frecuencia, el peso de su narrativa hace olvidar al Soler guionista de cine y de radio, y su incursión en el teatro. Apenas estamos cerrando un período de cien años desde su nacimiento.

Y ya que hemos agradecido a quienes hoy, ahora, han puesto su grano de arena para comenzar la montaña a la que aspiramos, quiero terminar reconociendo, desde el afecto y la admiración, el talento y el esfuerzo de un hombre que, a lo largo de casi ochenta años de este siglo que conmemoramos hoy, luchó incansablemente por dejar una huella que sirviera a las futuras generaciones. José Soler Puig dejó una huella importante, nos toca a nosotros hacer buen uso de ella.

Muchas gracias.

 

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