Ene 05 2017

Que lo perecedero no quede en el olvido

Palabras de presentación de Pueblos de madera y azúcar, de Diana María Cruz Hernández. Publicado por ediciones Caserón y leídas el 16 de diciembre de 2016, en la Uneac de Santiago de Cuba

Pueblos de madera y azúcar, de la Dra.C. Diana Cruz, y publicado por Ediciones Caserón de la Uneac, será presentado durante el Seminario

Cubierta del libro “Pueblos de madera y azúcar”, de la Dra.C. Diana Cruz

Tengo el gran honor de presentar el libro Pueblos de madera y azúcar, privilegio que siempre se agradece, pero que adquiere una connotación especial cuando es resultado de muchos años de investigación de una amiga y colega de trabajo. Es por tanto, esta una gran motivación a la que sumo otras coincidencias felices de esta edición, que le otorgan una dimensión especial a este libro; primero como material de divulgación científica y segundo por reunir a tantos especialistas de primer nivel para materializar este proyecto, cada uno con sus obligaciones específicas.

Diana María Cruz Hernández presenta su libro dedicándolo  a sus padres, a su hijo Miguel Antonio  y a la investigadora y amiga Mónica Cabrera quien, según dice la autora “dedicó todos sus esfuerzos investigativos a la arquitectura de madera”; es por tanto, este libro, un homenaje a esta investigadora.

Los agradecimientos son muchos, a investigadores, colegas, familiares y amigos con los que la autora contó de muchas maneras para avanzar en largos años de trabajo duro, en lugares distantes, de difícil acceso, pero imprescindibles para poder cumplir los objetivos de una investigación  que hoy vemos socializada en un maravilloso libro.

De todos los agradecimientos resalta el primero: ‘A los habitantes de los bateyes  azucareros por su hospitalidad”. Privilegia a esos habitantes que han mantenido como forma de vida su vínculo con los centrales azucareros trasladando de generación en generación una cultura del batey, un código del batey, una ética del batey. Esa población de los bateyes azucareros ha vivido vinculada la cañaveral y a la producción de azúcar y es responsable del mantenimiento de uno de los modos de vida más arraigados de la isla de Cuba.

La Dr. C. María Elena Orozco en su Prólogo hace referencia a ese particular tomando las palabras de D. Fernando Ortiz en “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”: “el azúcar es siempre arraigo. Donde se sembraban los cañaverales allí se quedaban para durar por varios años (…) Los cañaverales son una gran plantación  y el ingenio una gran planta…” Así mismo valora la Dr. C. Orozco Melgar que la autora transitó por un cartografía que aprendió a conocer y valorar desde pequeña, investigando siguió los pasos de su maestro  Dr. José Vega Suñol. Aquella geografía urbanística y arquitectónica se convirtió en el alma de una investigación que justiprecia y de un espacio a los centrales  azucareros dentro de la historiografía nacional, recuperando el valor de estos asentamientos como parte del patrimonio de la isla.

La Dr. C. Orozco resalta el valor científico del libro y su contribución al conocimiento y rescate  de la arquitectura maderera, condenada a perecer por el impacto del clima, del tiempo y por el poder destructor del hombre que no siempre es consciente del valor de estas construcciones las que, como elemento del entorno, también forman parte de su identidad.

El libro se divide en tres partes, la primera se titula “Una tradición constructiva. Continuidad y ruptura”; la segunda  aparece como “Huella de una presencia” y la tercera “Supervivencia y Asimilaciones”, además cuenta con una Introducción, Bibliografía en la que se destaca el uso de documentos de archivo, un cuerpo de anexos con siete ilustraciones, incluyendo un mapa de la región oriental de Cuba, y un vocabulario técnico,  con más de cincuenta palabras, de gran valor para los lectores.

Dentro de los grandes valores del libro están: el trasladar con novedad las experiencias socioculturales, especialmente las relacionadas con la arquitectura y el urbanismo de los bateyes, elaboración que realiza la autora con singular sentido ético y particular emoción, al punto que en la introducción declara: “Esta obra no hubiera sido posible sin esa motivación que despierta la persistencia del pasado en la memoria, el singular olor de los pueblos de madera y azúcar”.

Durante todo el libro se hilvana el crecimiento urbanístico y la solución de las soluciones tipológicas con el panorama económico de la isla, en particular la penetración norteamericana en el periodo enmarcado entre 1900- 1930, etapa en que se agudiza la dependencia cubana debido a la intensificación del proceso de penetración del capital extranjero. Es loable destacar que para la investigación que sirvió de base al libro se realizaron estudios en los bateyes de los centrales de Boston y Preston, fundados por la United Fruit Company,  el fomentado por la Cuban American Sugar Company alrededor del central Chaparra y las comunidades de los centrales Soledad, Palma y Niquero. 

Este libro de 145 páginas de imágenes intercaladas, de fácil y agradable lectura, alcanza hoy una dimensión  especial porque hace perdurable la historia y el valor de las comunidades azucareras que hicieron del batey además del espacio habitable, terreno fértil para el desarrollo de la historia nacional. Pueblos de madera  y azúcar hará  que lo perecedero no quede en el olvido.

Dr. C. Tania García Lescaille. (Profesora e Investigadora, Departamento de Historia del Arte, Facultad de Humanidades, Universidad de Oriente)

 

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