Oct 25 2017

Adiós a un hombre de las tablas

El pasado 23 de octubre falleció en esta ciudad el actor y dramaturgo, Santiago Portuondo Zúñiga.

Santiago Portuondo. Foto: Internet

“Conversador y cuentero”, así lo definió en una oportunidad el también dramaturgo Pascual Díaz Fernández; y así seguramente lo recordarán todos aquellos que hayan tenido la oportunidad de intercambiar con él, fuera del escenario del Cabildo Teatral, incluso en esta sede del Comité Provincial de la Uneac.

Surgido de la expresión más autóctona y popular que tuvo su origen en el llamado teatro de relaciones en Santiago de Cuba, Portuondo, según el propio Pascual Díaz, “se hizo actor en el canal Tele Rebelde, donde interpretó todo tipo de personajes Asumió con fortuna, aventureros, asesinos, militares, policías, aristócratas, estudiantes, gente de pueblo y algún que otro hombre de bien. Asimismo, asesoró, dirigió y escribió todo tipo de dramatizados”.

“En el Cabildo Teatral Santiago, Portuondo interpretó esclavos y mayorales, curas y poetas, comerciantes y funcionarios. Vale destacar sus actuaciones en obras emblemáticas como De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, donde hizo, entre otros, al obispo Sarmiento; Cefi y la Muerte, el poeta en La Paciencia del Espejo, y uno de los protagónicos en La primera vez, entre otras. Luego, estuvo en Calibán Teatro, Gestus y A dos manos.”

Son suyas las puestas en escena de El Cantar de los Cantares, La Pluma de Ángel y una versión de Escorial. En saludable vaivén de lo trágico a lo cómico también le pertenecen montajes de Los habladores, Maese Paletín y Las Aventureras.

Pero su trabajo más exitoso como actor, director, escritor, y hasta puede decirse que como diseñador de vestuario, ha sido La bola de luz. Ese guajiro que aparece de repente en cualquier lugar en busca de un poco de ron, contando que ha tenido un encuentro con alienígenas, ha arrancado muchas risas y aplausos de todos los públicos.

Mucho más pudiera hablarse de un hombre de las tablas que, en alguna ocasión, comentó:

“yo soy, como se dice, un santiaguero rellollo, me siento bien aquí, nunca he tenido la necesidad de irme a ningún otro lugar, me gusta y reconforta trabajar en Santiago”.

Llegue a sus familiares, amigos, y a todo el movimiento teatral santiaguero, nuestro más sentido pésame.

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