Giselle Lage Gil: la escuela, el piano, la media luz

Herson Tissert Pérez

 

Su figura delicada y su mirada expresiva recuerdan más a la protagonista de un manga adolescente que a una cantante de bolero. Sin embargo, Giselle Lage Gil es una presencia habitual en los festivales dedicados a este género, que se realizan cada año en nuestra ciudad. A pocos días de comenzar la edición número 30, la santiaguera hace una pausa en la persecución implacable de uno de sus guitarristas acompañantes, para responder brevemente a algunas preguntas.

 

¿Cómo se convierte Giselle Lage, músico de escuela, en una cantante de bolero?

En mi época de estudiante del conservatorio Esteban Salas, en la especialidad de piano básico se daba mucho Lecuona, Cervantes, Manuel Saumell, compositores clásicos de la pianística cubana, pero se desconocía bastante de la música popular que es tan rica y que te prepara tanto para interpretar cualquier género. Te abre a un nuevo espectro interpretativo y cuando vuelves a lo clásico lo haces desde otra perspectiva. Estando en tercer año formé parte de unas brigadas artísticas que llevaban pequeños espectáculos musicales a otras escuelas de la enseñanza general, fueron dirigidas por el maestro Mario Pujals, y allí conocí más del lo popular, y yo diría que en ese momento me decidí a dedicarme no solo al piano, sino también al canto.

Pero más que bolerista me considero intérprete y creo muchas veces que son los propios temas los que me llevan a involucrarme con los diferentes géneros. No por haber cantado Volver, el famoso tango de Gardel, me considero una cantante de tango. Sencillamente la canción me apasionó y quise interpretarla lo mejor posible. Lo mismo pasó con la música brasileña y también con el bolero.  Como muchos de mi generación, el bolero me llegó de la mano de los discos de Luis Miguel. Antes, de niña había escuchado a Elena Burke, Omara Portuondo y Moraima Secada, que eran las más populares, las que salían en la TV, y creo que estos son los referentes fundamentales, al menos al inicio.

En esta época de tanta fusión, ¿crees que el bolero debería seguir apegado a su molde tradicional, o te parecen adecuadas las mezclas y las innovaciones en la interpretación?

Las dos cosas son válidas: Es bueno respetar los códigos vigentes en el momento de surgida la composición. Es imprescindible ir al origen para saber desde dónde vas a partir a la hora de hacer tu versión. Sucede que cada intérprete va aportándole elementos a una canción y se va perdiendo la esencia de ese bolero, y si quieres interpretarlo a veces no sabes ni cual es melodía original. Pero también me gusta la idea de fusionarlos con otros géneros. En mi caso personal me gusta mucho fusionarlo con el jazz, me parece que el jazz es un género que tiene una plasticidad que permite mezclar casi cualquier otro género con él. También me gusta investigar, y rescatar boleros no tan conocidos para incorporarlos a mi repertorio,  y hacerlo ya con una visión más contemporánea, que tenga que ver con mi forma de interpretar.

¿Qué importancia le concedes al Festival para la difusión y la promoción del bolero?

Es un evento importantísimo. Todo el año hay bolero en Santiago, están las Tardes de Bolero en la Uneac y otros espacios, pero están desconectados uno del otro, y creo que el festival viene a unir todo ese talento disperso y brinda la oportunidad de que los cantantes compartan entre ellos y también con  los que nos visitan  de otras provincias  o de fuera del país. La primera vez que participé tenía 18 años, y he estado en casi todos los festivales. Creo que haberme involucrado desde una edad tan temprana también marcó un poco el rumbo de lo que yo quiero hacer. No me dedico solamente al bolero, pero creo que fue un punto de inicio para todo lo que he podido desarrollar en este tiempo

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.